martes, 27 de noviembre de 2012

Reflexión de la comunicación y la memoria.


Las técnicas y dispositivos desarrollados para la comunicación son reflejo de la cultura en que surgieron así como también reflejan la forma en que se da el pensamiento del momento cultural al que pertenecen. La forma en que un sujeto puede comunicar con otros sus ideas está limitada a las condiciones culturales que le permitan expresarse y es a partir de esas condiciones que los sujetos ordenan y formulan su pensamiento a partir de las posibilidades con que se encuentran para expresarse. El cuerpo y la memoria (que son parte del intelecto y que nos permiten comprender) son los dispositivos más primitivos con los que contamos para generar la comunicación y es a partir de las necesidades culturales que piden complejizar los conceptos y las ideas, las formas de comunicación del cuerpo y la memoria también se hacen complejas: se amplia el vocabulario, se crea nuevas formulas que permitan especificar y ampliar la información, se empiezan a dar mnemotecnias que permitan mayor comunicación, así como se presenta la posibilidad de generar la actividad de la fantasía y la actividad cognitiva.
Cuando la memoria y la oralidad no son suficientes ya para la transmisión del pensamiento las técnicas de comunicación empiezan a desarrollar dispositivos que permitan generar una mayor extensión para el pensamiento y que con ello se logre acumular más conocimiento así como complejizarlo aun más, es por eso que surge la escritura como extensión de la memoria, como posibilidad de ahondar más en el pensamiento y como posibilidad de preservar más tiempo el mensaje. Este afán de eternizar el pensamiento nos lleva a ver la generación de dispositivos que buscan hacer una memoria cada vez más extensa, pero no solo se refleja una acumulación de conocimiento, sino también se llega a reflejar la preservación de un orden que respecta al orden de lo real.

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