Las técnicas y dispositivos desarrollados para la comunicación
son reflejo de la cultura en que surgieron así como también reflejan la forma
en que se da el pensamiento del momento cultural al que pertenecen. La forma en
que un sujeto puede comunicar con otros sus ideas está limitada a las
condiciones culturales que le permitan expresarse y es a partir de esas
condiciones que los sujetos ordenan y formulan su pensamiento a partir de las
posibilidades con que se encuentran para expresarse. El cuerpo y la memoria (que son parte del intelecto y que nos permiten comprender) son
los dispositivos más primitivos con los que contamos para generar la
comunicación y es a partir de las necesidades culturales que piden complejizar
los conceptos y las ideas, las formas de comunicación del cuerpo y la memoria
también se hacen complejas: se amplia el vocabulario, se crea nuevas formulas
que permitan especificar y ampliar la información, se empiezan a dar
mnemotecnias que permitan mayor comunicación, así como se presenta la posibilidad de generar la actividad de la
fantasía y la actividad cognitiva.
Cuando la memoria y la
oralidad no son suficientes ya para la transmisión del pensamiento las técnicas
de comunicación empiezan a desarrollar dispositivos que
permitan generar una mayor extensión para el pensamiento y que con ello se
logre acumular más conocimiento así como complejizarlo aun más, es por eso que
surge la escritura como extensión de la memoria, como posibilidad de ahondar
más en el pensamiento y como posibilidad de preservar más tiempo el mensaje.
Este afán de eternizar el pensamiento nos lleva a ver
la generación de dispositivos que buscan hacer una memoria cada vez más extensa,
pero no solo se refleja una acumulación de conocimiento, sino también se llega
a reflejar la preservación de un orden que respecta al orden de lo real.
SI PASA
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