martes, 13 de noviembre de 2012

Fragmento de La expulsión de la bestia triunfante



"[...] Ergo, soror, perfide tempus quam tenent vide omnis mutationis subiectum, interea nihil certi habemus quid patimur vel maxime recipere plene confidimus idem qui supra fuerunt. paria revertere, et antequam essemus, ut in memoriam non hoc esse, ita quod non sit secundum scientiam. et terminantur ne pietas et religio, tanto honore, reverentia et caritas, quae virtus Lorem providentia virtutem et dignitatem et pulchritudinem decoris, quam recedat a nobis sicut umbra ad corpus. verum tamen cum summa virtus est immutabilis et immortalis, si quando ruit deprimi, necessario idem resurfaces [...] ".



"[...] Ve, pues, querida hermana, cómo nos doma el tiempo traidor; observa cómo todos estamos sujetos a la mutación, y lo que mientras tanto más nos aflige es que no tenemos certeza ni esperanza alguna de recobrar por completo ese mismo ser que fuimos alguna vez. Vamos y no regresamos iguales; y como carecemos de memoria de lo que éramos antes de que estuviésemos en este ser, de la misma manera no podemos tener conocimiento de lo que seremos después. Así, pues, se terminan el temor, la piedad y la religión de nosotros; el honor, el respeto y el amor; todos los cuales parten junto con la fuerza, la providencia, la virtud, la dignidad, la majestad y la belleza, las cuales se alejan de nosotros, al igual que la sombra con el cuerpo. Sólo la verdad, junto con la absoluta virtud, es inmutable e inmortal; y si a veces cae y se sumerge, la misma resurge necesariamente a su tiempo [...]".

Fragmento de La expulsión de la bestia triunfante, pág. 73

http://es.scribd.com/doc/106765858/Giordano-Bruno-La-expulsion-de-la-bestia-triunfante-Tr-Ernesto-Schettino



COMENTARIO:


Este fragmento también apunta muy claramente a la memoria, pero no a la convencional, sino a aquella que parece resguardar nuestra esencia, nuestro ser original. Se aprecia, pues, una especie de platonismo cuando habla de la posibilidad de un origen extrínseco a este mundo de aquello que nos constituye. Asimismo habla del perpetuo cambio que nos aleja más y más de lo que somos, lo cual, dice Bruno, es motivo de desesperanza porque así no podríamos aspirar a lograr recobrar nuestra originalidad, nuestro ser verdadero. En esa medida se pierde también nuestro conocimiento, tanto de lo que fuimos como de lo que podríamos llegar a ser; también se pierden los valores junto a la memoria. Lo único sólido e imposible de cambiar, agrega Bruno, es la verdad, inmutable aún con el paso inexorable del tiempo y la igualmente irrefrenable pérdida de nuestra mismidad. 







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